lunes, 27 de febrero de 2012

El comienzo de todo.

¿Cómo empezó todo? ¿Cómo terminé siendo tan adicta a él? ¿Por qué me tocó a mí enamorarme de él? ¿De verdad será amor todo lo que siento por él?
Yo vivía en una ciudad, de nombre X. Yo tan sólo tenía 11 años pero ya había vivido en unos cuatro sitios distintos y mis padres me contaron que nos mudabamos una vez más. Al menos esta vez el cambio no era tan grande. Esta vez nos ibamos a un pueblo muy cerca de la ciudad, a sólo diez minutos en coche. No cambiabamos ni de escuela, ni de trabajo ni nada, tan sólo de casa. Al principio, cuando llegamos al pueblo no me molesté en hacer nuevos amigos, ya tenía los míos del colegio y no me dejaban salir asique no pude. Pero mi hermana si lo hizo ya que ella tenía 14 años y en el instituto tenía amigos que vivían en el pueblo. Iba con ellos en el autobús del instituto por la mañana y se lo pasaban genial, todos eran una piña. El verano en que terminé el colegio, a los doce años mi hermana quiso que empezara a salir con ellos y nos hicieramos amigos. Ellos eran todos de la edad de mi hermana para arriba, el más mayor tenía unos 18, tampoco es tanto y me cuidaban como a la hermana pequeña. Todo era genial. Todo. Todo escepto el mejor amigo de mi hermana. Jake era guapisimo, tenía los mismos años que mi hermana pero él, a diferenca de mi hermana que ya estaba en 4º de la E.S.O., hacía 2º de la E.S.O. ya que había repetido dos cursos. A pesar de que no había mucha relación entre nosotros porque yo era una canija me empezó a gustar mucho. Dios era de locos. Cada vez que llegaba a casa le preguntaba a mi hermana todo sobre él y cada vez me enganché más a él. A mitad de curso empezamos a coger confianza y llegamos a ser muy amigos. Recuerdo un día, haciendo el tonto en el autobús de vuelta a casa que el me bromeó reglandome una tuerca. Sí. Lo más insignificante que se encontró por el suelo, pero para mí significaba todo un mundo de esperanza, y he de reconocer que aún guardo esa pequeña, brillante y platead tuerca en el fondo de mi cajón.Termino el primer curso de instituto, con nuevos amigos y algún que otro amor de instituto. Pero lo mejor de todo era lo mucho que me había unido a la pandilla del pueblo. Tenía mi pandilla de instituto, en la ciudad y bajaba mucho para quedar con ellos, pero tambíen quedaba con mis amigos del pueblo. La cosa es que aquel verano fue estúpido, todo ocurrió al revés. Empezamos a tontear, mucho y Jake sabía perfectamente que yo me moría por él. Al final del curso había conseguido hacerme reconocer que lo quería. Nunca olvidaré todas esas conversaciones que teníamos a las cinco después de cada día de colegio, cada vez él decía ''NO'' salía un emoticono de un estraterrestre verde moviendo la cabeza, y siempre a las ocho se iba a pasear a su perra. Dios lo recuerdo como si fuera ayer. Después de ese tonteo, pasó empezamos a salir y yo era la chica más feliz del mundo. Me costaba creer que yo, una niñata de 13 años que amaba ( y ama) a Justin Bieber, pudiera gustarle a él. Y direís wow seguro que fue un verano estupendo. Pues no, no lo fue, porque una semana después de empezar a ser novios él se fue a la otra punta del país durante un mes entero, y rara vez contestaba a mis sms. Yo le mandaba un sms cada tres días para no agobiarlo, pero está claro que no me quería. Cuando volvió me moría de ganas de verlo pero él me dejo por chat, dijo que había confundido sus sentimientos hacia mí y que no quería seguir conmigo. Ahora le entiendo porque yo era una niña muy inmadura y no era fácil soportarme. Pero lo penoso es que yo con ese verano madure mucho, hasta ponerme incluso a un peldaño más alto que él, que tenía tres años más que yo. Todo quedó demostrado la tarde que nos vimos una semana después de haber roto. Yo había quedado con mis amigos de la ciudad y me crucé con una amiga, me acerque a saludarla y me dí cuenta que entre sus amigos estaba Jake. Ellos eran sus amigos de la ciudad. Él ni siquiera se acercó a saludarme después de todo, pero ahí es cuando mi madurez salió a relucir. Lo llame y le dije: Hola Jake, ¿No me saludas? él se acerco y me dio dos besos, un par de palabras y hasta luego. Ahí me demostró toda su cobardía.

Mucho, lo sé. Pero es tan sólo el principio. Aquí pienso contar toda mi historia, todas las veces que él me partió el corazón y otras tantas que lo hizo feliz. Y este es el comienzo de todo.

Atte: Déèm Whätëvër.